Mayita

Carmen tenía dificultad para reconocer algunos hechos acerca de ella que le incomodaban. Datos tales como la talla de sus zapatos, su peso y sobretodo su fecha de nacimiento era cuidadosamente escondidos del conocimiento público. Incluso hoy, no estoy segura en qué año nació ni qué edad tenía cuando falleció……..y eso que soy su hija!

 

Nació como Carmen Amalia Vargas Flores (siempre se preocupaba de dar sus cuatro nombres), pero sus más cercanos la llamaban Maya o Mayita. Creo que le gustaba mucho que la llamaran así en lugar de su nombre más duro,  “Carmen”. Era la mayor de cuatro hermanos, siendo su hermana menor, física y mentalmente discapacitada.  Su padre dejó la familia cuando ella era bastante joven, probablemente con unos diez o doce años. Sería acertado decir que su madre era físicamente débil pero mucho más débil emocionalmente. Creo que le escuché confirmar que mi abuela tenía depresión (endógena). También era sabido que mi madre había aprendido desde bien niña a poner inyecciones para poder administrarle los medicamentos a su propia madre. Además, estaba en gran medida a cargo de sus hermanos menores. Mientras mi abuela trabajaba lavando ropa para otra gente o estaba en cama enferma, Maya debía cuidar a sus hermanos. Cocinar, limpiar la casa, preparando a los más pequeños para la escuela, entre otras, eran tareas normales para ella, además de hacer sus propios trabajos para escuela.

Al parecer era una buena alumna. Tenía una profesora que debió haber visto algo especial en este niñita y se hicieron muy cercanas. Maya mantuvo contacto estrecho con ella por muchos, muchos años y lloró con mucha pena cuando la profesora murió. En esos años la universidad no era accesible para todos pero habían otras maneras de formar una carrera profesional. Maya fue a un colegio técnico y finalizó su educación secundaria con un titulo de contadora. Inmediatamente fue a trabajar con un contador senior donde perfeccionó sus competencias y luego de un par de años abrió su propia oficina de contabilidad. Dedicó el resto de su vida a la práctica de su profesión y a obtener varias certificaciones y diplomas y hasta llegó a obtener una certificación de profesor.  Siempre pensé que tenía tanta admiración por esa profesora de primaria, que quiso ser como ella. A los veintiún años se casó con un compañero de la secundaria, mi padre. Tuvieron siete hijos, un puñado bastante grande para cuidar y financiar.

 

La Mayita tenía un carácter fuerte. Si ella deseaba algo, lo conseguía. Era inteligente, astuta, aguda  e incansable. Era muy trabajadora. También era una señora bien dura y severa. Recuerdo cuando se escuchaba su auto llegando en las noches, yo repasaba nerviosa y mentalmente si había hecho algo malo ese día. Me tranquilizaba pensando que todo había estado bien (bueno, tal vez mas o menos), pero siempre nerviosa y preocupada ya que nunca se sabia si algo le parecería mal a la mamá. A pesar de su niñez complicada (sicológica y financieramente) y el hecho que siempre se sintió emocionalmente abandonada, esta señora de talla baja pero de con un tremendo temple, se las arregló para criar a sus siete hijos, comprar propiedades, viajar, patrocinar algunos emprendimientos y darse algunos gustos. Pero su mayor logro y lo que perpetuará su legado fue el hecho de que educó a sus hijos con los mejores recursos disponibles, probablemente sin saberlo,  pero definitivamente muy bien!

 

Patricia

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